Una cosa es que tú no quieras decir nada. Otra, muy diferente, es que no dejes hablar a los otros.
Desgraciadamente, la universidad bajo el gobierno de Capilla no está siendo el lugar de libertad que tendría que ser. Hoy, dos artistas han querido manifestar su apoyo a la huelga indefinida de la enseñanza pública no universitaria mediante una performance pacífica: permanecer tirados en el suelo junto a una pancarta con el mensaje “La educación la han asesinado”.
Era una acción simbólica, serena y puramente pacífica, que pretendía sacudir conciencias y poner el foco sobre una realidad que muchas instituciones prefieren ignorar.
La respuesta, pero, ha sido la expulsión del campus. El personal de seguridad les ha impedido llevar a cabo la acción y les ha echado, convirtiendo una protesta artística y pacífica en un nuevo episodio de censura.
Resulta especialmente grave que esto pase en una universidad.
Con esta actuación, la UPV se suma a una deriva represiva y silenciadora que tendría que preocuparnos profundamente. Porque una universidad que no tolera una expresión pacífica de apoyo a la escuela pública deja de ser un espacio de pensamiento crítico y se convierte en un espacio de control.