En cualquier órgano colegiado mínimamente serio, después de cada reunión se redacta un acta. Parece sencillo: se habla, se acuerda, se escribe, y a la sesión siguiente se aprueba. Una rutina tan básica que nadie esperaría que desapareciera… salvo que a alguien le resultara especialmente incómoda.
Desde septiembre de 2024: el desierto documental
La Mesa General de Negociación hace más de un año que no realiza las actas de las últimas sesiones, exactamente desde septiembre del año 2024.
Ninguna acta publicada, ninguna acta enviada, ninguna acta aprobada. Lo que está en juego no es un simple trámite administrativo, sino la fiabilidad del proceso de negociación.
¿Qué implica perder tantas actas?
Sin actas:
- No hay constancia formal de ningún debate ni acuerdo.
- No se puede hacer seguimiento de promesas, compromisos o responsabilidades.
- Se dificulta la participación y el control democrático.
- Y la confianza institucional se desgasta, reunión tras reunión.
En resumen: se crea un vacío documental que no beneficia a nadie… excepto, quizás, a quien prefiere que nada quede reflejado.
La comunidad universitaria merece mejor trato.