¿Alguna vez habéis tenido la sensación de que pasáis más tiempo demostrando que trabajáis que haciendo realmente vuestro trabajo? ¿Que vuestra vocación como docentes e investigadores queda sepultada bajo un montón de clics, aplicaciones que no funcionan y trámites absurdos?

Aunque la eliminación de la burocracia ha sido uno de los puntos clave de los programas electorales, tanto del equipo actual como del anterior —a pesar de que se parecían mucho—, en la UPV la burocracia nos sigue agotando.

Nos preparamos para enseñar, investigar, hacer avanzar el conocimiento y acompañar a nuestro estudiantado. Pero la realidad es otra: nos hemos convertido en gestores, administrativos y auditores de nosotros mismos.

Y lo peor es ver cómo nuestro tiempo se escurre haciendo tareas que no nos corresponden.

DOCENTIA se ha convertido en un auténtico despropósito. Horas perdidas recopilando evidencias y rellenando casillas para justificar lo que ya hacemos cada día, en lugar de dedicar ese tiempo a preparar y mejorar nuestra labor docente. ¡Y, para colmo, también tienes que evaluar a tus compañeros!

SENIA es directamente patético. En plena era de la automatización, resulta surrealista tener que introducir manualmente datos repetitivos en una plataforma que parece diseñada para hacernos perder el tiempo.

El GEA y la gestión académica siguen trasladándonos tareas y trámites que deberían recaer en un servicio de administración bien dimensionado, cargándonos con una responsabilidad operativa que no nos corresponde.

Y la gestión de los proyectos de investigación se ha convertido en una condena. Conseguir financiación debería ser un motivo de orgullo, pero tener un proyecto es, demasiado a menudo, sinónimo de justificaciones financieras, papeleo interminable y auditorías que parecen tratarnos como sospechosos.

¡Somos investigadores y docentes, no gestores ni contables!

Cada hora que pasamos batallando contra la burocracia es una hora menos para preparar una buena clase, escribir un artículo, atender a un alumno o, sencillamente, dedicar a nuestra vida personal y a nuestra salud.

Nos hemos acostumbrado a asumir tareas que no nos corresponden mientras nuestro tiempo se nos escapa entre los dedos. Y lo más grave es que lo hemos acabado normalizando.

Una universidad que presume de estar a la vanguardia de la tecnología no puede seguir funcionando a golpe de formularios, aplicaciones que complican lo que deberían facilitar y horas de trabajo dedicadas a demostrar que has hecho tu trabajo.

Es hora de decir basta a la asfixia burocrática. ¿De verdad es esta la universidad en la que queremos trabajar?