En palabras del secretario general, “nunca había habido polémica por las actas”. Quizás porque nunca se había producido una tergiversación como la de este Consejo de Gobierno.

En la sesión de julio de 2025, Vicent Julià instó al rector a reconsiderar la decisión de no respetar el resultado democrático del PTGAS. En lugar de nombrar al representante escogido por votación, el rector optó para imponer uno “a dedo”, un títere de confianza.

El problema es que esta intervención no se ha recogido fielmente en el acta: el relato oficial distorsiona las palabras de Julià, que ya ha pedido una rectificación.

También, Ivan Gallego solicitó que se hicieran constar las constantes interrupciones del rector, que llegó a calificar su intervención de “tonterias”, en un tono claramente maleducado y despectivo.

Aun así, la presidencia y la secretaría del órgano —es decir, el rector y el secretario general nombrado por el mismo rector— se han negado a introducir ningún cambio, rehusando adecuar el acta a la realidad de los hechos.

El resultado: unas intervenciones manipuladas, unos representantes en situación de vulnerabilidad e indefensión, y un acta que, más que reflejar la verdad, la soterra.