¿Recuerdas aquella asignatura en la que tenías que dar clase a 90 estudiantes que no cabían en el aula y te pedían que hicieras “innovación docente”? ¿Y aquella vez que, además de las asignaturas que te tocaban, tuviste que impartir las de un compañero que estaba de baja porque “uy, no da tiempo a contratar una sustitución”? Quizá eres de esa parte de profesorado que tiene que jugarse la vida metiendo en un laboratorio al doble de estudiantes de los que realmente caben porque la dirección de tu Escuela no te da un desdoble. O peor, la dirección de tu Departamento te dice que hagas el desdoble, pero no te lo reconoce en POD.
Aunque te digan lo contrario, esto no “es el mercado, amigo”, ni fruto de las fuerzas de la naturaleza. Ni si quiera es inevitable. Es fruto de decisiones políticas.
A día de hoy, y saltándose los requisitos legales, este Rectorado tiene “el pescado vendido” tanto para las nuevas plazas de PDI como para las promociones de 2026. Sin más. Tendrás que seguir dando clase a 90, sustituyendo a tu compañero gratis y jugándote la vida en un laboratorio de prácticas.
O quizá tengas suerte y hoy esto no te afecte, que tú ya tienes lo tuyo resuelto. Enhorabuena. Pero, tal vez, un día te toque a ti. Tal vez, más pronto que tarde, tu merecida promoción no se dé. Tal vez favorezcan a otra persona, sin merecerlo. Tal vez seas tú quien siga dando grupos de 90 estudiantes mientras otros disfrutan de reducciones e imparten lo poco que tienen en pequeños grupos de 10 en una asignatura optativa.
Y no te equivoques: la dirección de tu departamento no te lo va a solucionar. Tampoco tu escuela. Ni por supuesto el Rector Capilla, que ha eliminado la posibilidad de negociación con tus verdaderos representantes. Claro que, bien pensado, ¿para qué vas a negociar nada cuando puedes asignar plazas con criterios arbitrarios y opacos?
La única opción que nos queda es defendernos, profesoras y profesores, la gente que estamos en el día a día, a pie de clase, a pie de laboratorio. Defender nuestros derechos, defender la transparencia de una institución pública como la UPV. Plantarnos, decir basta a la propaganda, al gasto superfluo, e invertir en lo que de verdad importa: las personas.
Ya toca, ¿no crees?