Cada 8 de marzo, las universidades redescubren que la igualdad es urgente. Se organizan actas, se cuelgan carteles, se iluminan fachadas y se publican declaraciones solemnes. Durante unas horas parece que la transformación estructural es inminente. Y después llega el 9 de marzo.

Los números no se pueden tapar con un lazo violeta. Son tozudos. Y dicen la verdad. Si no se destinan recursos reales a la igualdad, el mensaje está claro: no es una prioridad.

Comparamos la Universitat Politècnica de València y la Universitat de València.

Si hacemos una foto a cada lado de la avenida de los Naranjos, la diferencia es evidente: aquí todavía tenemos un largo camino por recorrer.

La Universitat de València cuenta con seis puestos estructurales adscritos a su Unidad de Igualdad y Diversidad: una dirección A1, una técnica superior A1, personal técnico A2 y apoyo administrativo. Seis plazas estables, consolidadas y con funciones definidas.

Si lo traducimos a cifras, con estimaciones prudentes, hablamos de un coste anual aproximado de entre 250.000 y 300.000 euros en gasto de personal. Solo en estructura estable.

Un cuarto de millón de euros anuales que envían un mensaje inequívoco: la igualdad es una política con musculatura propia.

¿Y en la UPV? Aquí, la Unidad de Igualdad descansa sobre una sola persona.

Una.

Si estimamos el coste anual de una plaza A1 o A2 con complementos, podemos situarlo entre 45.000 y 55.000 euros anuales. Es decir, aproximadamente una quinta o una sexta parte de la estructura del personal de la UV.

Seis nóminas ante una.

Seis salarios estructurales ante uno.

No es una cuestión de opinión. Es una cuestión de escala.

Si hacemos el estudio extensivo en todas las universidades del País Valencià, la diferencia se hace difícil de ignorar.

A la UA hay aproximadamente seis personas dedicadas a esta tarea; en la UJI, tres; en la UMH, cuatro; y en la UV, seis puestos estructurales en su Unidad de Igualdad y Diversidad.

La diferencia todavía se ve más clara si se pone en relación con la dimensión de la comunidad universitaria (estudiantado, PDI, PI y PTGAS). La UA, con unas 28.000 personas, tiene aproximadamente un representante por cada 4.600. La UJI, con cerca de 16.800, uno por cada 5.500. La UMH, también alrededor de 28.000, uno por cada 7.000. La UV, con unas 60.000 personas, tiene uno por cada 10.000. La UPV, con una comunidad de unas 40.000 personas, tiene una sola persona para todas.

Universidad Comunidad universitaria Personas Igualdad Proporción (1 cada…)
UA 28.000 6 4.600
UJI 16.800 3 5.500
UMH 28.000 4 7.000
UV 60.000 6 10.000
UPV 40.000 1 40.000

 

La igualdad implica diagnósticos continuos, seguimiento de datos, análisis de brechas, coordinación de protocolos, atención a casos de acoso, formación de personal, evaluación de planes y transversalización real en la docencia y la investigación. Todo esto requiere horas de trabajo, especialización y capacidad técnica.

No es una crítica a la persona que ocupa el puesto. Es una crítica al modelo. Porque cuando una política pública descansa sobre una única plaza, el mensaje implícito es que aquella política es secundaria.

Los datos de este informe se han remitido a la vicerrectora competente.