
Hi ha censura a la UPV?
La paraula censura és molt forta, sí. Però, com hem d’anomenar, si no, el fet de limitar la veu de diversos col·lectius dins de la UPV? Com descrivim la voluntat de controlar el flux d’informació des del Rectorat?
Recentment s’ha aprovat un nou protocol d’ús del correu electrònic que restringeix seriosament la capacitat de comunicació dels sindicats. Tot plegat, amb l’excusa de reduir el volum de missatges. Però sabem perfectament que aquest protocol afecta directament el nostre dret a comunicar-nos amb la comunitat universitària.
Per què ara?
Al nostre entendre, no és cap casualitat. Fa uns mesos vam demanar el cessament de dos vicerectors per unes declaracions masclistes fetes en un acte de campanya amb l’estudiantat. També vam denunciar públicament el tristament famós selfie de la vergonya amb Carlos Mazón, en què tot l’equip rectoral es va alinear acríticament amb el poder polític. I ara, de sobte, ens retallen canals de comunicació.
També hem assolit amb el teu vot una fita important de representativitat al Consell de Govern, on la nostra (teua) presència és aclaparadora.
No ho podem ignorar. No es tracta només de correus: es tracta de llibertat d’expressió, de participació i de pluralitat dins la universitat pública. La vigilància crítica és més necessària que mai.
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LA UPV esconde la mano después de tirar la piedra
La UPV ha retirado de las redes sociales un tuit en el que hacía referencia a su comunicado sobre la huelga indefinida en la educación no universitaria.
Se trataba de un comunicado que difícilmente puede calificarse de valiente. De hecho, destacaba por su tibieza y por la falta de referencias claras a las problemáticas que rodean la huelga indefinida convocada en el sector educativo no universitario.
Las críticas no se han hecho esperar y han sido contundentes. Sin embargo, en lugar de asumir cualquier tipo de responsabilidad o de aclarar su posicionamiento, la institución ha preferido eliminar la publicación de sus redes sociales. Todo ello, muy coherente con la política de escaparate a la que nos tienen acostumbrados.
Los comunicados llegaron después de que STEPV pidiera a la Conferencia de Rectores que se mojara en este conflicto. Al fin y al cabo, como dice el refrán: cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar.
Seguimos pendientes de cómo evoluciona la huelga.
¿Qué te pasa, UPV?
Una cosa es que tú no quieras decir nada. Otra, muy diferente, es que no dejes hablar a los otros.
Desgraciadamente, la universidad bajo el gobierno de Capilla no está siendo el lugar de libertad que tendría que ser. Hoy, dos artistas han querido manifestar su apoyo a la huelga indefinida de la enseñanza pública no universitaria mediante una performance pacífica: permanecer tirados en el suelo junto a una pancarta con el mensaje “La educación la han asesinado”.
Era una acción simbólica, serena y puramente pacífica, que pretendía sacudir conciencias y poner el foco sobre una realidad que muchas instituciones prefieren ignorar.
La respuesta, pero, ha sido la expulsión del campus. El personal de seguridad les ha impedido llevar a cabo la acción y les ha echado, convirtiendo una protesta artística y pacífica en un nuevo episodio de censura.
Resulta especialmente grave que esto pase en una universidad.
Con esta actuación, la UPV se suma a una deriva represiva y silenciadora que tendría que preocuparnos profundamente. Porque una universidad que no tolera una expresión pacífica de apoyo a la escuela pública deja de ser un espacio de pensamiento crítico y se convierte en un espacio de control.
STOP COLOCÓMETRO: Un lazo rojo con puntos blancos
En los últimos años se ha desplegado un conjunto de decisiones que han favorecido la sustitución progresiva de la plantilla por personal “externo” (por decirlo suavemente), a menudo mediante procedimientos poco transparentes y difícilmente recurribles.
Este proceso cuestiona la valía del PTGAS y limita sus oportunidades de promoción, con la connivencia (si no impulso) de la gerencia y el rectorado. Además, resulta difícil de aceptar que, mientras el personal propio acredita méritos y experiencia, otros avancen por criterios difíciles de explicar.
SETAS como metáfora
A partir de las propuestas de la primera asamblea hemos titulado la campaña “Las setas en la UPV” porque, como las setas, este proceso ha crecido rápidamente, sin control y ocupando espacios que no le corresponden. Proponemos llevar un lazo rojo con puntos blancos porque evoca la Amanita muscaria, una seta aparentemente atractiva pero altamente tóxica: una metáfora de un modelo de gestión que puede parecer inofensivo, pero que nos devuelve a prácticas que creíamos superadas en la universidad.
Déficit de comprensión democrática
Como ya sabéis, la candidatura de Més UPV ganó 6 de los 7 representantes electos del colectivo PTGAS al Claustro.
Según la normativa del órgano, la Comisión Permanente tiene que incluir necesariamente un miembro del personal PTGAS. En una universidad realmente democrática, sería razonable que ese representante saliera de entre las personas elegidas democráticamente por el mismo colectivo, es decir, de entre esos siete miembros.
Aun así, el rector ha decidido imponer un representante “a dedo”, ya sabéis que le gusta mucho aquello del “colocómetro”, ignorando la voluntad expresada por la mayoría del PTGAS, que había elegido a Fátima Romero como su representante legítima.
Con una interpretación sesgada e interesada del reglamento, que no especifica como se tiene que hacer esa designación, el rector ha optado por burlar la decisión democrática del colectivo y colocar una persona de su confianza, un tipo “de hombre de paja” o “títere” institucional.
Esta práctica, a pesar de ajustarse al reglamento, es un mal ejemplo de gobernanza y evidencia una manera de ejercer el poder que no entiende la democracia como un sistema de representación real, sino como una simple habilitación legal para hacer y deshacer discrecionalmente.
Quizás ese es el modelo de “democracia” que más le gusta: el de China.
No es un caso aislado
Cuando un sistema ya presenta distorsiones democráticas estructurales, como la ponderación del voto, cualquier desviación adicional no es solo un detalle, sino un síntoma grave de retroceso institucional.
En este contexto:
1. Modificar las palabras en las actas vulnera la fiabilidad institucional y deslegitima los órganos colegiados.
La verdad sepultada por el acta [+LEER MÁS]
Sesiones sin actas [+LEER MÁS]
2. Editar las grabaciones para ocultar intervenciones.
Borra lo que no te guste [+LEER MÁS]
3. Controlar y censurar la información impide el debate plural, que es la base de cualquier espacio académico.
El protocolo de la vergüenza [+LEER MÁS]
Restringir la información sobre una huelga es una forma de censura [+LEER MÁS]
4. Reducir plazos democráticos limita la participación real y dificulta que los órganos consultivos puedan ejercer su papel.
Parece que nos oye, pero no nos escucha [+LEER MÁS]
Cuando se acumulan estos elementos, se llega a un modelo de gobierno que ya no es solo poco democrático, sino que es activamente incompatible con el que tendría que ser una institución pública de conocimiento y deliberación.
Respeto y normas para todas
En el último Consejo de Gobierno se nos insultó, interrumpió y censuró.
Parece que hacer callar al adversario a cualquier precio, incluso el saltándose el decoro más básico, se ha convertido en una práctica habitual. No acaba en censurar el correo.
Quizás no hay que entrar en detalles —algunas personas, que no todas, han pedido disculpas—, pero merece la pena hacer una reflexión:
Por mucho que una persona presida un órgano, nunca está por encima de sus normas. Si estas normas están bien diseñadas, es precisamente para proteger a los miembros del órgano de los posibles abusos de quienes lo dirigen.
Del mismo modo, por mucho que se ocupe una dirección, de escuela, departamento… o campus… no se puede actuar al margen de las leyes, reglamentos o principios básicos de respeto institucional. Más detalles en el resumen del consejo de gobierno.
Las normas no son una formalidad, son la garantía de que todas y todos seamos tratados con igualdad y dignidad.
La verdad sepultada por el acta
En palabras del secretario general, “nunca había habido polémica por las actas”. Quizás porque nunca se había producido una tergiversación como la de este Consejo de Gobierno.
En la sesión de julio de 2025, Vicent Julià instó al rector a reconsiderar la decisión de no respetar el resultado democrático del PTGAS. En lugar de nombrar al representante escogido por votación, el rector optó para imponer uno “a dedo”, un títere de confianza.
El problema es que esta intervención no se ha recogido fielmente en el acta: el relato oficial distorsiona las palabras de Julià, que ya ha pedido una rectificación.
También, Ivan Gallego solicitó que se hicieran constar las constantes interrupciones del rector, que llegó a calificar su intervención de “tonterias”, en un tono claramente maleducado y despectivo.
Aun así, la presidencia y la secretaría del órgano —es decir, el rector y el secretario general nombrado por el mismo rector— se han negado a introducir ningún cambio, rehusando adecuar el acta a la realidad de los hechos.
El resultado: unas intervenciones manipuladas, unos representantes en situación de vulnerabilidad e indefensión, y un acta que, más que reflejar la verdad, la soterra.